Porqué estamos aquí...

Aunque no queramos aceptarlo, el fin de la vida es un paso inevitable...

Antes o después, cercano o no, la partida de nuestros afectos nos sumerge en un punto de angustia muy difícil de superar.

Este espacio fue creado por un grupo de supervivientes a la pérdida, que desean compartir sus vivencias y, porque no, ofrecer su experiencia para que aquellos que no encuentran paz y tranquilidad al estar sumidos en la angustia, puedan ver una luz de esperanza a su sufrimiento.

Gracias Padre Hilmar Zanello por sus maravillosas enseñanzas, su incondicional apoyo espiritual y por enseñarnos que transitar por el camino del dolor, con profunda fe, nos da las fuerzas suficientes para sentir la presencia de Dios que nos acompaña, nos sostiene e ilumina nuestro camino con la esperanza puesta en la Resurrección. Nuestro eterno agradecimiento. Equipo Pastoral.

Música

sábado, 12 de mayo de 2012

Las almas son Mi Casa

Meditación sobre el llamado que Dios nos hace cada día.

Las aguas estaban calmas, no había hombre ni bestia salvaje en el mundo aún, todo eso estaba en la paleta del Pintor Celestial. Era de mañana temprano, y una tenue bruma flotaba sobre el mundo desierto, expectante por lo que estaba por ocurrir. El miraba desde Su lugar, desde lo alto, y pensaba cuantas cosas ocurrirían con el paso de los siglos en esa esfera azulada que acababa de crear.

Un día, un día lejano, El mismo se iba a calzar las Carnes y los Huesos del Hombre e iba a caminar por ese mundo. Lo sabía bien, Carne y Sangre que iban a derramar sobre la tierra yerma la esencia de lo que El mismo era, Palabra, Verbo, Mensaje, Salvación. ¡Qué día extraordinario sería ese! Lo que más Le atraía de ese pensamiento era la idea de quién iba a ser Su Madre terrenal. Ese solo sueño, sueño de Dios, consolaba Su Corazón dolido por aquellos sufrimientos que sabía iba a soportar.

Y luego, el mundo arrancó su loca carrera, y ya nunca se detuvo, hasta hoy. Nosotros vivimos aún en esa esfera azulada que El creó aquel día, cuando también creó el tiempo mismo. El tiempo ha corrido, y ha visto sucederse cosas maravillosas, y muchas tragedias también, mientras nosotros nos miramos el ombligo sin siquiera pensar donde estamos parados.

Esta esfera azulada que se llama tierra, y que aún sigue girando, ya recibió la visita de la Palabra Creadora, del Verbo de Dios. El vino, nos habló, nos hizo comprender Quien era en realidad, dejó que lo matemos como a un Cordero Inocente, y Resucitando de entre los muertos pasó una buena cantidad de días con nosotros. Muchas cosas nos dejó antes de marcharse, pero sin dudas que el principal legado es Su propia Presencia en la forma de Pan y Vino.

¿Por qué hizo esto? No alcanzan todos los libros y los teólogos del mundo para explicar la profundidad y el pleno alcance del Milagro Eucarístico, Milagro que aún hoy sigue ocurriendo cada día en todos los altares de la tierra, de forma gratuita, sin más requisito que el de un Sacerdote celebrando la Santa Misa. Pero quizás debamos meditar en el aspecto más simple de ese Trocito de Pan en el que, por nuestra fe, sabemos se encuentra realmente Presente el mismo Dios, Jesucristo Rey del Universo

El Rey de la Creación se quiso esconder en una insignificante pieza de trigo transformada en Pan, para que nosotros lo comamos convencidos de que al hacerlo incorporamos al mismo Dios a nuestro cuerpo. ¿Por qué hace Dios esto? Yo creo que Dios, con este gesto de Amor extraordinario, nos grita en cada Misa con una Voz que resuena en todo el universo:

¡Las almas son Mi Casa!

Este grito de amor incondicional se redobla en el momento en que, con extrema devoción, nos presentamos ante el Sacerdote para recibir el Pan de Vida. ¡Tu alma es Mi Casa! nos dice Dios en ese momento, redoblando el mensaje de Pablo que proclamaba con lengua de fuego que “El cuerpo del hombre es el Templo del Espíritu Santo”. Y si Jesús mismo entra en nuestra casa a través de la Eucaristía, donde habita el Espíritu Santo como Templo Sagrado que nosotros debemos honrar, pues es que entonces somos Casa del Padre también. Es la misma Casa maravillosa que nos prepara Jesús, Casa que tiene muchas habitaciones, para que vivamos allí la plena felicidad.

Dios Único, en Su Santísima Trinidad, se regocija en nuestras almas, que son el Jardín Sagrado donde El desea descansar y gozar, porque somos el centro del fruto de Su Creación. El Señor del Universo creó todo, cielos, estrellas, mares y montañas, pero la maravilla más extraordinaria que El creó es este pequeño espejo de Si Mismo, nuestro cuerpo y nuestra alma.

Mírate hermano por un momento, porque eres la niña de Sus Ojos, Su debilidad y Sus desvelos también, eres el motivo por el que se desgrana esta loca carrera que es la historia del mundo. Mírate, ahora mismo, en el espejo de la eternidad, espejo en el que los siglos corren como segundos, y los minutos demoran milenios. Allí estás tú, parado y en silencio contemplando este acto único e irrepetible de tu Creador, que es tu propia existencia. El te dice con Voz clara: “Tu alma es Mi Casa”. El quiere habitar en ti, y ser feliz allí, contigo. Hazle un lugar santo y bueno, como sólo El se merece. Un lugar limpio y pleno de paz, sin malezas, sin estridencias. Un lugar en el que los Ángeles canten:

“Hosanna al Señor, Hosanna en las alturas, Bendito el que aquí habita, en Nombre del Señor

 ¡ Señor, golpea a mi puerta, insiste por favor!
                      
                                                            Publicado por: " María Reina del Cielo"










martes, 24 de abril de 2012



Sabemos que la muerte es parte de la vida.
También sabemos que la vida que vivimos, es vida contra la muerte. Nuestra lucha es siempre una lucha contra las fuerzas disgregadoras de la muerte.
Se ve la muerte desde una cara que se nos presenta como una despiadada enemiga que nos despoja de todo.
Desde la Fe Cristiana vemos la otra cara oculta de la muerte, que viene a iluminar toda la oscuridad que ven nuestros ojos.
Entonces como cristianos creemos aquellas palabras de Jesús resucitado que nos llena de esperanza cuando nos dice: " Crean en mi Yo soy la Resurrección y la Vida...Yo he venido para que tengan vida y vida eterna".
Hacia este pensamiento esperanzador van dirigidas estas palabras, a fin de que nuestra confianza en el poder de Cristo resucitado nos ilumine como peregrinos que caminamos no hacia la muerte sino hacia la vida verdadera.
                                                                                                                   


         


domingo, 22 de mayo de 2011

Acudir a propia fe

El sufrimiento que tiene significado es más soportable.
El proceso de aflicción no está completo hasta que la persona que está en duelo no haya descubierto un nuevo significado en la vida. Esto no es inmediato. Más bien, el impacto inicial con la muerte sacude la fe, rompe la familiaridad de los sobrevivientes y destruye los proyectos personales. La imagen de Dios entra en crisis y se sienten traicionados, incluso niegan su existencia.
Para otras personas, la relación con Dios puede reforzarse: " Dios me está dando las fuerzas que necesito"; "en la oración encuentro paz".
Para quien está enojado con Dios, una forma de demostrarlo es no concurrir a la iglesia ni rezar.
Desahogarse con Dios no es pecaminoso, por el contrario, ayuda a curarse: Dios puede acoger los deshagos humanos; Él no causa las tragedias: algunas son causadas por las desgracias, otras por la irresponsabilidad humana, otras son consecuencias inevitables de la naturaleza mortal. Dios no causa ni previene las tragedias, pero da las fuerzas necesarias para afrontarlas y superarlas.
La fe no protege el dolor, pero ayuda a afrontarlo; no lo explica, pero ayuda a usarlo positivamente; no lo absolutiza, pero ayuda a redimensionarlo  a través de propuestas de esperanza y la invitación a la solidaridad.

miércoles, 18 de mayo de 2011

Tomar decisiones

Víctor Frankl, un sobreviviente de los campos de concentración, sintetizó bien el poder de elegir el propio comportamiento ante un drama que no se puede cambiar.
"Todo lo que amamos se nos puede arrancar; lo que no se nos puede quitar es el poder de elegir que actitud asumir ante estos acontecimientos".
Quien está golpeado por un duelo puede elegir: sentirse víctima de los acontecimientos o desarrollar una actitud de sano realismo.
El pasado no se puede cambiar; pero se puede comenzar a obrar hoy con valentía y buena voluntad, a hacer lo que no se hizo ayer.
La muerte de una persona querida, a veces tiene el efecto de liberar en los sobrevivientes esa parte de si que nunca fue vivida.
En las fases iniciales es necesario tomar "pequeñas decisiones" que permitan a la persona despertar y ganar confianza en sí misma.
El desafío concreto es el de restablecer un ritmo cotidiano de manera sencilla, decidiendo las actividades por desarrollar.
Estas "pequeñas decisiones" permiten a las personas volver a sumergirse en la vida para construir un nuevo proyecto de vida.
Las grandes decisiones es necesario postergarlas hasta haber alcanzado más serenidad y equilibrio.

" Se paciente con todo lo que queda sin resolver en tu corazón.
Trata de armar incluso tus preguntas. No busques las respuestas que no se te pueden dar porque no las puedes vivir. Vive todo.
Vive tus preguntas porque tal vez, sin notarlo, estás gradualmente elaborando las respuestas".

                                                         

martes, 17 de mayo de 2011

Con una Fe más profunda

Los cristianos con una Fe más profunda descubren en el sufrimiento que no están solos... que están aprendiendo a encontrar respuestas a tantas preguntas y sobre todo para interrogarse donde está Dios cuando uno sufre.
Desde la Fe creemos que Dios está presente con nosotros acompañándonos, porque también sufrió... lloró... y padeció de la muerte como nosotros.
Por eso es que Jesús, el hijo de Dios, no vino a suprimir el dolor, sino a asumirlo y darle un sentido y sobre todo a darnos su fuerza y consolación para sus discípulos que creen en Él.
Qué fuerzas nos dan sus palabras cuando recordamos lo que Él nos dijo hace tiempo:
" Yo estoy con ustedes todos los días hasta el fin del mundo" (Mateo 28,20).

miércoles, 23 de marzo de 2011

¿Para qué sanarse? ¿Por qué sanarse?

En el sufrimiento se mueren o se desgastan ilusiones, proyectos, fe, ganas de luchar, motivación, salud, sentido de vida...Se muere parte de nosotros. Nos morimos, en parte, nosotros mismos.
Cuando sufrimos sólo vemos lo que perdemos, nos estancamos en un pasado que pesa demasiado y no termina de pasar, entramos en crisis de identidad y de autoestima. Todo es negro y difícil. ¿Cómo ganar el futuro?
Constatemos que el sufrimiento mal elaborado destruye "des-vitaliza". Querer y sentir la necesidad de sanarse y ver lo positivo que hay detrás de toda crisis es esencial para poder recuperarse y madurar, para "re-vitalizarse".
Hay que redescubrir un motivo y un fin, resignificar el sufrimiento positivamente, recrear el futuro. Estos son los vectores sanadores del duelo.
No pretendamos tampoco liberarnos del sufrimiento sin liberarnos de nosotros mismos, de nuestros apegos e inmadurez personal.

¿Por quién sanarse? ¿Para quién sanarse?
Como en esta misión se implica la afectividad y la voluntad, es muy motivador tener a alguien por quién sanarse y para quién sanarse; a quién amar y por quién ser amado, rodearse de seres queridos y tener una misión con un proyecto existencial.
El hombre es el mejor remedio para el hombre.
Sin embargo, la principal motivación a de salir de uno mismo y para uno mismo, especialmente si se está atravesando una situación tan delicada como es la muerte de un hijo, donde se pierde la continuidad de la vida, la proyección natural. Hay que recrear autoproyectos "significativos de vida". Hay que proyectarse en el valor del amor al amor.
Nadie se sana si se autolimita, si no se quiere, sin autoestima positiva.
En el proceso de elaboración del duelo el primer salvavidas es para uno mismo. Después podremos tirar el salvavidas a los demás.

                                Den palabras al dolor


                               "Den palabras al dolor.
                                La desgracia
                                que no habla,
                                murmura
                                en el fondo del corazón,
                                que no puede más 
                                hasta que lo quiebra". 
    
                                                   W. Shakespeare



lunes, 6 de diciembre de 2010

FASES DEL DUELO

  • Aturdimiento inicial: El sufrimiento puede dejar a la persona anestesiada, perturbada, muda, incluso privada de autonomía de pensamiento, palabra y acción.
  • Lamentación: Surgen las primeras expresiones inarticuladas y las exclamaciones, abundan los gestos, viene la queja: "¡No lo puedo creer!".
  • Negación: "¡ No, no es cierto!".
  • Rechazo: "¡No, no lo acepto!".
  • Miedo y ansiedad: "¡ Y si me sucediera...!".
  • Culpa: "¡ Si yo no hubiese...!".
  • Bronca: "¿ Por qué a mí?". "¿Por qué se lo hicieron, Dios?".
  • Tristeza profunda y desmotivación:"¿ Qué sentido tiene ya...?".
  • Resignación: "¡Me tocó a mí. Es la fatalidad!".
  • Reencuentro con Dios: "¡Siempre estuvo a mi lado!"
  • Recobrando la serenidad interior:"¡Después de tanto sufrimiento, estoy recobrando la paz!".
  • Aceptación:"¡ Hay que volver a vivir!".
El duelo exige un gran dinamismo interno de sanación. No es lo que el sufrimiento hace conmigo, sino lo que yo hago con mi sufrimiento.
El duelo no se improvisa, ni se hace de la noche a la mañana.

                        " Cuida tu mente y tu corazón.
                        Si están en sufrimiento, sánalos.
                        De ellos, brotan las fuentes de la vida"     
                                                                                                                                    Pdre. Mateo Bautista




martes, 23 de noviembre de 2010

FACTORES DE RIESGO DE UN DUELO COMPLICADO

Indicios a tener en cuenta cuando comienza a volverse disfuncional:
  • Falta de respuesta ante la muerte, la persona es incapaz de sentir emociones.
  • Seguir como"si nada hubiera pasado".
  • Estado prolongado de shock. La persona en estado de aturdimiento no puede creer que la muerte haya ocurrido.
  • Etapa de sufrimiento intenso que se prolonga más allá de lo aceptable.
  • Sentimiento desproporcionado de rabia.
  • Se está irracionalmente irritado con el muerto por su fallecimiento.
  • Indicios previos de algún trastorno psicológico grave, especialmente depresión o desubicación de la realidad.
  • Constante temor hipocondríaco a la enfermedad que sufrió el fallecido, por ejemplo, cancerofobia.
  • Querer localizar al muerto, sentir ansiosamente su presencia, visualizarlo, darle forma.
  • Se vive en el cementerio.
  • Se celebran cumpleaños y aniversarios de la persona fallecida poniendo platos y fotos en la mesa, como si estuviera vivo.

lunes, 8 de noviembre de 2010



viernes, 17 de septiembre de 2010

CARACTERÍSTICAS

ES INEVITABLE: Si se acepta el duelo como una comprensible y humana respuesta a una pérdida o separación, se deduce que en cierto modo, estamos siempre en duelo aunque no clínicamente deprimidos. Las pérdidas están constantemente presentes y deben afrontarse. Una condición indispensable para el crecimiento es el cambio y éste no sucede sin separaciones y toda separación produce reacciones más o menos atenuadas de duelo. Se concluye que el duelo es una dimensión necesaria de la vida.

CONLLEVA SUFRIMIENTO: El único modo de salir de él es atravesarlo. Quien lo elude posterga y prolonga el dolor. En la elaboración del duelo, la palabra clave es "proceso" no progreso o mejoría.
La reacción ante una pérdida incluye altibajos, regresiones, recaídas, no sólo mejorías. Lo importante es que la persona esté en movimiento y no permanezca inmovilizada por el dolor.

ES PORTADOR DE CRECIMIENTO: No se puede crecer sin sufrir. La vida es una sucesión de adioses y separaciones. Mientras una persona no haya integrado la conciencia de la separación y de la propia muerte, no vive libremente.

lunes, 9 de agosto de 2010

NO LLORES SI ME AMAS

Los momentos de la vida del ser humano son muy variados, y desde las más altas cimas de la felicidad se puede descender hasta los más oscuros y tenebrosos abismos de la existencia. Siento el dolor humano de cada día y siento a ese hombre y a esa mujer cuando han perdido a un ser querido. Por eso esta esquina de hoy, no sientas que es la esquina de la plañidera que se une al cortejo fúnebre de tu dolor. ¡Quiero ser esperanza! Que no se basa en la palabra humana, por muy lógica que parezca, ni lúcida o deslucida por la construcción de frases que pueda hacer. Es desde una experiencia de fe en la que te digo: Cristo ha resucitado. Ya lo sé, tú me dirás, y en el fondo...¿no te das cuenta que me estás pidiendo lógica humana nada más, cuando tu sabes que la muerte como pregunta trasciende a toda lógica humana? Y no es sólo la muerte como pregunta, ya que esta en conversación normal tiene trascendencia, pero no igual a la muerte, la experiencia de dolor que uno siente cuando arracan una flor de tu jardín. No te pido ahora que entiendas, no te pido que me escuches. Te pido sólo que escuches a tu corazón, que sientas que el amor no es violencia, que el amor no es fraude o mentira, que el amor que compartiste con el ser que se fue, es eternidad. Se muere cuando se olvida. Se muere cuando se deja de amar y tu no puedes dejar de amar a quien ahora lloras.
Por eso, y porque Dios lo ha resucitado, él, tu amor, te esperará a ti en ese lugar maravilloso que es el cielo.
Quiero que sientas ahora la experiencia de un hombre que encontró a Dios a los 30 años, y unos meses después, en el puerto romano de Ostia, perdió a su madre.
Tú sabes que te hablo de San Agustín. Siente lo que dice: No llores si me amas,¡Si conocieras el don de Dios y lo que es el cielo! ¡Si pudieras oir el cántico de los ángeles y verme en medio de ellos! ¡Si pudieras ver desarrollarse ante tus ojos; los horizontes, los campos y los nuevos senderos que atravieso! ¡Si por un instante pudieras contemplar como yo, la belleza ante la cual las bellezas palidecen! ¡Cómo...! ¿Tú me has visto, me has amado en el país de las sombras y no te resignas a verme y a amarme en el país de las inmutables realidades? Créeme. Cuando la muerte venga a romper las ligaduras como a roto las que a mi me encadenaban, cuando llegue un día que Dios a fijado y conoce, y tu alma venga a este cielo en que te ha precedido la mía, ese día volverás a verme, sentirás que te sigo amando, que te amé, y encontrarás mi corazón con todas sus ternuras purificadas.
Volverás a verme en transfiguración, en éxtasis, ¡feliz!, ya no esperando la muerte, sino avanzando contigo, que te llevaré de la mano por senderos nuevos de Luz...y de Vida...¡Enjuga tu llanto y no llores si me amas!
San Agustín sintió profundamente a Dios y desde Dios amó a los seres que lo rodearon, por eso tiene profundo sentido lo que él nos dice. Y termino con aquellas palabras del ángel a las mujeres que fueron a buscar a Jesús al sepulcro: " Por qué buscaís entre los muertos al que está vivo ? No está aquí, ha resucitado".
(Lc. 24, 5 -6 ).
Autor: Pdre. Pablo Larrán   "Momentos de paz".



LAS CAUSAS DE MUERTE

Toda situación de pérdida se coloca en un contexto específico. La muerte tiene varios rostros y el modo como sucede influye en el dolor de los sobrevivientes.
La muerte después de una grave enfermedad es de naturaleza distinta porque los que están involucrados en ella, tienen la oportunidad de prepararse para el acontecimiento final. Claro está que la anticipación no significa aceptación.
Las más fuertes reacciones se manifiestan cuando la muerte es repentina. Este acontecimiento luctuoso pone a los sobrevivientes ante un drama inprevisto. En esta categoría entra también la muerte por accidente de trabajo o automovilístico.
Más dramática  es la muerte por suicidio. En los sobrevivientes quedan,  además del dolor, interrogantes sin respuestas y el sentimiento de culpa por no haber podido prevenir la muerte.
Una muerte cruel es la causada por la violencia, por el terrorismo, por asesinatos, por violaciones.
Otra causa de muerte son los desastres naturales. Los sobrevivientes viven duelos colectivos marcados por la pérdida de todo, por el riesgo de epidemias y por la necesidad de recontruir su identidad histórica y geográfica.
El impacto de cada una de estas circunstancias de muerte tiene peso, sus interrogantes y sus desafíos específicos para los sobrevivientes.
Estas experiencias de duelo, además de las circunstancias, dependen de otros factores:

  •   Tipo de relación que se tuvo con el difunto
  •   Red de apoyo externo
  •   Grado de familiaridad
  •   Recursos personales
  •   Grado de dependencia psicológica, económica, social
  •   Sentimiento de culpa, dificultades en la comunicación
  •   Sexo del sobreviviente
  •   Clase social
  •   Presencia o no de otras experiencias de pérdidas
  •   Presencia de factores culturales que permitan la expresión del dolor

miércoles, 30 de junio de 2010

EL VALOR DE LOS ADIOSES

Los adioses, especialmente los más intensos, nos hacen enfrentar con las cuestiones fundamentales de la vida: ¿Por qué éste sufrimiento? ¿Hacia dónde me conduce? ¿Cuáles son los valores que más aprecio? ¿Qué creo sobre la vida después de la muerte? Los adioses crean un determinado espacio en nuestro interior, desde donde nos permitimos ubicarnos para observar la vida en perspectiva, y desde allí ir descubriendo las respuestas a algunas de esas cuestiones sobre la vida.
También  aprendemos mucho sobre los seres significativos que nos rodean; aprendemos quien desea caminar el largo camino junto a nosotros, de quienes son los corazones que siempre nos acogen con placer, quien nos ama lo suficiente como para acompañarnos en la buenas y en las malas, quien desea amarnos tanto como para manifestar la verdad por nosotros o a nosotros. Los adioses, cuando reflexionamos sobre ellos con fe, nos conducen hacia la suprema confianza en el Dios del amor y aprendemos a vivir esperanzados, con mayor aceptación y con una alegría más profunda.
Esto se logra solo con el correr del tiempo, y con sumo cuidado de nuestro ser.
No podemos evitar el dolor. Todos lo sufrimos a nuestro modo, pero lo cierto es que lo sufrimos. La bendición del dolor en nuestro interior, radica en que, cuando nos acongojamos por los adioses, simultaneamente nos damos y nos encontramos a nosotros mismos. Elegimos entregarnos profundamente, aunque sepamos que esa entrega podría costarnos el precio de los adioses y del desapego. Creemos que la entrega de nuestro amor justifica ese precio, pues habremos entrado en el misterio de la vida donde las bienvenidas que se suceden a nuestros adioses son nuestras señales indicadoras de la eterna morada.
Todos debemos aprender a decir adiós, a admitir esa pena destinada a nosotros, para poder seguir avanzando. Dios nos da la fuerza, el coraje, el consuelo, la esperanza y el amor. Desapégate y se libre de seguir avanzando.
"Que la bendición de Dios te acompañe"

lunes, 19 de abril de 2010

PERDIDAS

Todos sufrimos distintas y múltiples pérdidas durante el transcurso de la vida al pasar de una etapa vital a otra. De bebé a niño, de niño a adolescente, de adolescente a hombre, de hombre a anciano. Y éstas conllevan cambios en los que podemos sentir que perdemos parte de lo que teníamos: cambio de escuela, (de primaria a secundaria), una separación , pasar de una etapa laboral a mal desempleo o la jubilación, entre otras.
¿Qué nos viene inevitablemente a la cabeza cuando escuchamos la palabra Pérdida?
Muerte - desolación - vacío - ausencia - dolor - bronca - impotencia - angustia - soledad - tristeza - miedo - irreversibilidad - desconcierto - llanto - sufrimiento.
¿Por qué sentimos tanto una pérdida? El ser humano se relaciona y establece vínculos que comportan distintos grados de afectividad y de valoración positiva o negativa del vínculo.
En el momento en que subjetivamente se da una pérdida, sentimos dolor. Dolor anímico por la valoración afectiva y la emotividad que de ellos se desprende, estas emociones, estas vivencias son el resultado de lo que somos.El resultado de nuestro crecimiento y desarrollo, de lo que dependerá nuestros duelos.
Cada pérdida significativa, representa algún tipo de renuncia. Es una crisis y comporta un proceso de duelo, es decir, un proceso paulatino de despedida, de desapego.
Cada pérdida, por pequeña que sea, implica la necesidad de hacer una elaboración, no sólo las grandes pérdidas generan duelos, sino que toda pérdida lo implica.
Toda pérdida siempre implica ganancia, ya que es un proceso de crecimiento, de hecho, ya no somos los mismos.

                       Hay un momento para todo,
                       un tiempo para nacer
                       y un tiempo para morir;
                       un tiempo para llorar
                       y un tiempo para reir;
                       un tiempo para lamentarse
                       y un tiempo para danzar.
                                                         (Ecl. 3, 1-4)

viernes, 5 de marzo de 2010

ESTAR EN DUELO NO ES HACER EL DUELO

Estar en duelo es un proceso pasivo y negativo que no sana el sufrimiento. Hacer el duelo es un proceso activo y sanante del sufrimiento.
Hacer el duelo es trabajarse en el sufrimiento. Es un proceso que exige un gran dinamismo interno de sanación. No es lo que el sufrimiento hace conmigo sino lo que yo hago con mi sufrimiento..
La finalidad del duelo es dar expresión y cauce sano a los sentimientos, serenando el sufrimiento, dominando la pena de la separación,integrando la extrañeza física, aceptando la realidad de la muerte, reorientando la energía positiva, en un nuevo proyecto de vida.
El duelo se hace en el hablar, sacando las penas del corazón, superando las ideas insanas sobre el sufrimiento, purificando la fe, vivenciando la Resurrección, con un proyecto significativo de vida.
El duelo es un largo proceso, hay que poner mucha voluntad contra la voluntad del sufrimiento.
En el duelo, las penas con esperanza suben y se serenan; las penas con desesperación bajan, pesan y no pasan.
En el duelo: " SUFRIR SANAMENTE PARA DEJAR DE SUFRIR".
El duelo es un gran sacrificio personal de sanación en el no hay que hacerse la víctima.
Nadie elabora sanamente el sufrimiento sólo porque tenga razones para sufrir.
Nadie elabora el sufrimiento sólo porque tenga razones para dejar de sufrir.
Se elabora el duelo porque se tienen razones para vivir.
El sufrimiento quiere grupos de autoayuda para compartir el sufrimiento. El duelo quiere grupos de mutua ayuda para compartir el proceso de sanación.

   Hay que desahogar el sufrimiento.
   Hay que hablar del sufrimiento.
   Hay que elaborar sanamente el sufrimiento.
   Hay que sembrar esperanza en el sufrimiento.

                                                                        Pdre. Mateo Bautista
                                      

jueves, 4 de marzo de 2010

Jesús, tú has venido para darnos VIDA 
y VIDA en abundancia.
Has revelado el amor infinito del Padre.
Has combatido el dolor de los hombres
y has elaborado sanamente tu sufrimiento.

Jesús, tú nos invitas continuamente
a sanear nuestras heridas internas
y las experiencias dolorosas de la vida,
haciendo de todo sufrimiento crecimiento.

Jesús, tú has venido para servir
y no para ser servido.
Haznos buenos samaritanos de quien sufre
y servidores de los demás.

Gracias, Jesús, nuestra resurrección,
porque das un nuevo hogar
a nuestro ser querido fallecido
y alimentas nuestra esperanza
para reemprender una vida
más humana y cristiana.
                               
                             (M. Bautista)

¿Qué es el duelo?

El término duelo procede del vocablo latino dolium, que deriva del verbo doleo (dolerse). Es la reacción emocional espontánea por la pérdida de algo, el alejamiento de alguien o la muerte de un ser querido. Esta separación afecta a la persona en toda su dimensión física, emocional, intelectual, social y religiosa.
A veces, produce hasta una crisis existencial que anula el sentido de la vida.
La intensidad de los sentimientos se produce por lo definitivo de la pérdida, por la causa de la muerte, por la hondura de la relación existente, por la fuerza del "apego", por el vacío o desconcierto de la ausencia, por la actitud asumida y por la utilización de los recursos humanos y religiosos de lo que dispone cada persona.
En el duelo, la herida acorrala el poder terapéutico de la persona.
Hacer el duelo es un proceso en el que se potencia el poder sanador de cada uno para dejar resucitado al ser querido muerto junto a Dios y "resucitar" el sufriente mismo a esta vida en plenitud, volviendo a la serenidad, concediendo al fallecido el mejor regalo: volver a ser feliz. 

 "Ninguno muere mientras permanece vivo en el corazón de alguien"

martes, 2 de marzo de 2010

¿QUIENES SOMOS?

Un Grupo de Mutua Ayuda está coordinado por personas que han atravesado uno o más duelos y han podido elaborarlo positivamente, siendo profundos conocedores de la dinámica de relación de ayuda y del mundo interior del sufriente. Además, están debidamente capacitados para explorar los "recovecos del sufrimiento".
El grupo es la ocasión para ayudar y ser ayudados, expresar libremente el propio sufrimiento, compartir la esperanza y sanear las heridas reactivando el poder terapéutico de cada uno.
Pastoralmente, el coordinador ha de reforzar la fe, el amor, la esperanza y la solidaridad.
Cualidades del grupo:
  • apertura
  • respeto
  • discreción
  • libertad de participación
  • ayuda mutua
  • aceptación incondicional de opiniones y emociones
  • confrontación empática                                             
Un grupo de mutua ayuda no es una reunión social de amigos. No convoca el sufrimiento sino la necesidad de elaborar positivamente el duelo. No es para transferir el sufrimiento sino el método de sanación.
El grupo de mutua ayuda es uno de los recursos de esa amplia red de apoyos sociales a los que hay que concurrir para elaborar sanamente el duelo, pero nunca el único.*

*Mateo Bautista. Resurrección. Grupo de mutua ayuda en duelo.Ed. San Pablo, Buenos Aires.                                                  
             

Grupo de Mutua Ayuda para Personas en Duelo.

"El secreto de la muerte buscalo en la vida".
Luz y vida es un grupo de mutua ayuda para personas en duelo, de identidad católica, con profundo humanismo, abierto a todas las personas, aún de otros cultos o no creyentes.
Expresa con su denominación sus objetivos: volver a vivir la vida, después de la muerte de un ser querido, más plena, humana, solidaria y cristianamente; alimentar la esperanza cierta de que el Dios de los vivos ha dado un nuevo y feliz hogar a nuestro ser querido con quien un día nos veremos en un encuentro feliz y para siempre.Luz y Vida es un grupo al que se entra para obtener frutos de maduración humana.